La identidad siempre puesta

Diario de Almería; 15/10/2017

Hoy en día, existen casi tantas maneras de entender el fútbol como aficionados hay a este deporte. Probablemente, todos hayamos tenido una discusión sobre lo que consideramos jugar bien. En mi caso, más de una. Empezaré diciendo que, para mí, hacer un buen partido no significa haber hecho un fútbol bonito. Dentro de cada estilo se puede alcanzar la perfección, habiendo equipos que se caracterizan por su solidez atrás, otros que son conocidos por su velocidad a la contra o algunos que basan su juego en la combinación. Valoro mucho todas las filosofías bien llevadas a cabo, aunque me decanto por esta última: la del toque.

Me divierte un equipo atrevido que siempre quiera tener la pelota. Por eso, me gustó desde el principio el discurso de Luis Miguel Ramis. El técnico catalán llegó con una idea de juego clara que siempre intentó llevar a cabo, con mayor o menor éxito. Podría parecer que no hay nada peor que jugar un mal partido. Sí, es desolador ver cómo los futbolistas no son capaces de llevar a cabo en el campo las consignas del entrenador. Sin embargo, hay algo más negativo: perder la identidad, no saber a lo que se juega. No realizar nada de provecho porque, simplemente, no sabes qué hacer. El Almería de las últimas jornadas, más allá de los resultados, preocupa por su ausencia de ideas.

No nos vamos a engañar. Ramis no tiene una plantilla compensada fruto, sin duda, de un nuevo fracaso de la dirección deportiva rojiblanca. Pero tampoco podemos eximir de culpa a un entrenador que no exprime al máximo los recursos con los que cuenta. Es obvio que Verza y Mandi no son compatibles. Está claro que Pozo no se siente a gusto en la izquierda y que Fidel tampoco es el mismo en la derecha. Estos últimos son fundamentales, gracias a su movilidad y visión, para hacer jugar al equipo. Por eso, Ramis debe hacer que estén cómodos, que se encuentren el uno al otro y que se sientan arropados por sus compañeros. No hay nada peor que renunciar a lo que eres. Sin identidad no es que no ganes, es que estás perdido.

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