Mi responsabilidad

Supongo que, como yo, sois muchos los que, este verano, os habéis preguntado una y mil veces qué coño hacéis renovando vuestro compromiso con un club que no nos ilusiona, no nos cuida y no nos da buenos momentos desde hace más de un lustro. Amigos, familiares o conocidos me han cuestionado por qué vuelvo a obtener mi carnet de abonado si cada vez que voy al Mediterráneo salgo con un enfado considerable. Ahora, con la campaña de renovaciones cerrada, es momento de hacer esa pequeña reflexión e intentar responder a la pregunta.

A mis 26 años, llevo desde los 12 acudiendo cada dos domingos al Mediterráneo. Más de media vida. El fútbol es, por tanto, una tradición que, como tal, se cuida casi involuntariamente. Es realmente complicado imaginarme sin tener que visitar el estadio con asiduidad. Pero no es este el motivo que quiero exponer. Dejemos lo sentimental a un lado.

Quienes integran la UD Almería se están cargando, con menosprecios, mentiras, falta de ambición y escándalos, las ilusiones de la hinchada y, con ello, están matando poco a poco al club que más éxitos ha dado a la provincia en su historia. Lo cierto es que dan ganas de bajarse del barco. Somos muchos los que no olvidamos ni perdonamos la gigantesca mentira de la ciudad deportiva, los lamentables equipos a coste cero, los últimos cinco años fatídicos, la falta de proyecto, el modelo dictatorial de club o los escándalos intolerables como la presunta implicación de jugadores unionistas en amaños de partidos. Y, entre otros muchos sitios, es en el estadio donde hay que pedir responsabilidades por ello.

La UD Almería es patrimonio de esta provincia y, como tal, debemos cuidarla. Por eso me abono. Creo que esa es la respuesta. Me preocupa que, poco a poco, los críticos vayan echándose a un lado, fruto del desgaste y la desilusión. Me asusta que, con el tiempo, solo quede un rebaño de palmeros formando el entorno unionista y juntos continúen acabando con nuestra historia mientras esbozan una forzada sonrisa para no disgustar a Alfonso García. Casi 6.700 personas han renovado su abono. ¿Somos gilipollas? No. ¿Somos mejores aficionados que los que no lo han hecho? Tampoco. Cada uno tiene derecho a actuar como lo desee, y es normal que haya quien no quiera entregar su dinero a un club que sobrepasa con creces lo esperpéntico. Ojalá recuperemos a esos aficionados, porque los necesitamos para conseguir el cambio de rumbo que esta entidad necesita. Yo tengo claro mi modesto rol. En la temporada 2018/19 volveré a hacer ruido desde mi sector en la grada de preferencia. Desde ahí seguiré exigiendo soluciones y pidiendo responsabilidades. Se trata de luchar, aunque sea inevitable preguntarnos hasta la saciedad por qué renovamos nuestro maldito abono en el mes de julio.

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