Siete años después

Diario de Almería; 27/01/2018

Por lo visto y escuchado en la prensa deportiva nacional, pareciera que el Real Madrid fuese el único culpable de su eliminación copera. Se han escrito ríos de tinta y se han empleado horas de programas radiofónicos y televisivos para tratar sobre la profunda crisis que sufre el equipo de Zidane. Sin embargo, aunque a muchos se les haya olvidado, enfrente los blancos tenían un rival serio, bien plantado, con las ideas claras y repleto de motivación. Si el Leganés hubiera sido una chirigota, el Real Madrid habría pasado la eliminatoria, por muy malo que fuese su juego. Pero no fue así. Garitano y los suyos nos han hecho apreciar la magia de ser de un equipo pequeño y, en el caso de los aficionados del Almería, nos han llevado hasta 2011, cuando el equipo rojiblanco también se coló en una fiesta a la que no había sido invitado.

Ayer, 26 de enero, se cumplieron siete años desde aquella ida de la semifinal de la Copa del Rey que los de José Luis Oltra disputaron ante el Barcelona. El resultado, un cruel 5-0, hizo que los almerienses olvidásemos rápidamente la posibilidad, ya de por sí remota, de disputar una final copera. El 0-3 que los culés se llevaron del Mediterráneo en el partido de vuelta hizo que la eliminatoria finalizase con un desigualadísimo 8-0 que sirvió para despertar del sueño a los andaluces, sumidos en una pésima racha liguera que, a la postre, envió al Almería a Segunda División después de cuatro temporadas inolvidables en Primera. Mañana, siete años y dos días después de aquel cruce, jugamos ante el Numancia, tras cuatro cursos repletos de sufrimiento y malas gestiones. De hecho, desde aquel descenso de 2011 han sido pocos los buenos momentos vividos por la afición rojiblanca.

Duele echar la vista atrás y ver lo que fue este equipo que ahora pelea por no bajar a Segunda B. No obstante, la historia está para recordarla y, en nuestro caso, para enorgullecernos de ella, ante la desidia de un club que ni siquiera es capaz de hacerle un guiño a través de sus redes sociales. Eso sería pedirle peras al olmo.

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